"Sólo me lavo los pies una vez al mes en la escuela, lo cual debo confesar es asqueroso, pero no puedo hacer nada para cambiar eso". En estos términos se manifestaba en una de sus misivas ahora hechas públicas en Internet nada más y nada menos que Charles Darwin. Esperemos no tener por obligación que emular esta situación del siglo XIX por culpa del cambio climático y la escasez de agua. Y precisamente hablando de agua comienza este Termómetro de la Tierra que nos lleva hasta la Antártida.

 

Se calcula que los mares del planeta reciben alrededor de la mitad de todas las emisiones de dióxido de carbono producidas por el hombre, siendo el conocido como ‘Océano del Sur’ el principal receptáculo de C02... quizá por poco tiempo más.

 

Y es que los mares que rodean el Polo Sur están perdiendo su capacidad de absorber dióxido de carbono, lo que significa un grave aumento de gases contaminantes en la atmósfera, según un estudio divulgado por la revista 'Science'.

 

Desde 1981 un grupo internacional de científicos ha establecido que la pérdida de absorción ha sido de entre un cinco y un 30% mayor por década de lo que se había pronosticado.

 

Según Chris Rapley, director del Instituto Antártico Británico, la investigación sugiere que estabilizar los niveles del dióxido de carbono en la atmósfera será todavía más difícil de lo que se pensaba. Incluso, los expertos aventuran que la acidificación del 'Océano del Sur' llegará a niveles peligrosos antes de 2050.

 

2050 una fecha límite que también aparece en el último informe de la organización Christian Aid. Si no se ponen los medios adecuados hoy, al menos 1.000 millones de personas podrían quedarse sin hogar para entonces.

 

La institución, con sede en el Reino Unido, prevé que el cambio climático agudizará la crisis de la migración global. A continuación, especifica además que la mayoría de los emigrantes tendrán que quedarse en sus propios países como desplazados internos sin derechos bajo la ley internacional y sin voz.         

 

Asímismo, Christian Aid manifestó el temor de que una ola de migraciones genere nuevos conflictos en áreas del mundo donde los recursos son más escasos. En este sentido, Dennis McNamara, asesor especial de ayuda de emergencia de Naciones Unidas declaró a la BBC que “los pobres son los más fáciles de desplazar, los primeros en ser golpeados por las guerras, los abusos, y los desastres naturales”.

 

Y lo que podría calificarse de desastre natural en un futuro serían las olas de calor. Un calor que, según los meteorólogos, esperan que alcance valores inauditos este verano.

 

Así nos lo ha hecho saber el Servicio Meteorológico del Reino Unido que sitúa en un 60 por ciento la probabilidad de que vivamos una temporada estival fuera de lo normal. De hecho, los británicos esperan temperaturas que podrían alcanzar los 40 grados.

 

El Met Office como también se conoce al centro meteorológico se basa en los datos recogidos en el mes de abril. Un mes de abril que ha sido excepcionalmente cálido en los países del centro de Europa, unos tres grados centígrados por encima de la media de los últimos 30 años.

Incluso en el Reino Unido pasa ya por ser el mes más caluroso desde que se iniciaron las mediciones hace 350 años, situación similar a la francesa donde también lo fue al menos desde 1950, cuando se tienen registros para todo el país.

 

En España, el mes pasado fue bastante caluroso en la mitad norte de la Península, si bien se registraron valores normales en el sur, según los datos del Instituto Nacional de Meteorología que prevé una anomalía para este verano que supondrá el aumento de entre medio grado y 1 grado como máximo que afectaría principalmente al nordeste peninsular.

 

Como vemos, mientras los científicos se afanan en tratar de descubrir síntomas y prever consecuencias de la contaminación humana del Planeta, una vez más distintas ONG denuncian la inversión de verdaderas fortunas por parte de la petrolera EXXONMobil para tratar de negar la existencia del cambio climático. En concreto la cifra ascendería hasta el millón y medio de euros sólo en 2006.

 

Desde la página web Exxonsecrets.org, organizaciones como Greenpeace tratan de desvelar distintas sociedades, universidades y fundaciones tras las que se encuentra la petrolera que, en palabras de los denunciantes, continúa con su política de falsificación de las evidencias científicas sobre la existencia del cambio climático y la urgencia de detener este fenómeno mundial.

 

De acuerdo a la denuncia, desde 2005 la petrolera "destinó específicamente partidas económicas de sus fondos con el fin de apoyar, financiar y contratar a organizaciones afines a sus objetivos con el fin de desmentir datos científicos y contrastados que se refieren al cambio climático, con actividades, ediciones de libros y documentos, así como jornadas de educación, realizadas por un total de catorce organizaciones 'escépticas'".

 

Desde ExxonMobil, su vicepresidente de Asuntos Externos y portavoz, Ken Cohen ha salido al paso afirmando recientemente que la empresa "ya ha dejado de financiar organizaciones que tengan que ver con la corriente 'escéptica' del cambio climático".

 

Quien no ha afirmado o negado por el momento nada al respecto es Estados Unidos, después de que se revelara un supuesto complot para boicotear el borrador de un acuerdo sobre cambio climático que se prepara para la cumbre en junio del G8 en Alemania.

 

Estados Unidos objeta por ejemplo una promesa que busca limitar el calentamiento global en dos grados Celsius este siglo y reducir para 2050 las emisiones de gases invernadero en un 50 por ciento por debajo de los niveles de 1990.

 

Incluso Washington cuestiona si Naciones Unidas es el mejor foro para combatir la crisis climática.

 

De la misma manera, una cláusula que reflejaba que "el cambio climático se está acelerando, va a dañar seriamente nuestro medio ambiente común y va a debilitar severamente la economía mundial (...) por lo que se requiere una acción decidida para reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero", también fue rechazada.

 

Dicen los expertos que el fracaso en Alemania reduciría las esperanzas de que en diciembre en Bali puedan acordarse esbozos de principios para el período post Kyoto que llegará en 2012. De momento y con Estados Unidos cerrado en banda no hay muchas esperanzas.

 

Hablando de Estados Unidos, esta semana el diario Expansión publicaba que el proyecto de construcción de 150 nuevas centrales de carbón para abastecer la creciente demanda energética del país norteamericano se ha quedado bloqueado.

 

El miedo de la entrada en vigor de nuevas reglas medioambientales tras el desalojo del poder de Bush ha hecho que los inversores sopesen la posibilidad de que se disparen los costes de las instalaciones o hacerlas inviables.

De hecho tanto Al Gore como el candidato presidencial por el bando demócrata, John Edwards, desean abiertamente prohibir la construcción de tales centrales hasta que se introduzcan nuevas tecnologías más limpias, que permitan en parte capturar y almacenar CO2.

 

Por el momento, la administración estadounidense prevé que al menos la mitad de los 150 proyectos entre en funcionamiento en 2011, pues seis años más tarde el consumo eléctrico habrá aumentado un 15 por ciento con respecto a la situación actual en la que el carbón genera más de la mitad de la electricidad nacional.

 

Acabamos y lo hacemos con las palabras de dos de los tres directores del yacimiento, no petrolífero ni carbonífero, sino arqueológico de Atapuerca.

 

Esta semana, en la presentación del II Seminario Internacional sobre Paleoecología Humana que se celebrará en Burgos entre los días 6 y 9 de noviembre de este año, los paleontólogos Juan Luis Arsuaga y Eudald Carbonell afirmaron que un cambio climático como el que está registrando la Tierra en la actualidad no supondrá 'una gran perturbación' para el planeta y que fenómenos similares se han registrado ya varias veces a lo largo de la historia.

 

Carbonell precisó no obstante que la diferencia principal radica en que, nunca antes en la historia, el hombre había afrontado un fenómeno de estas características con el nivel de conocimiento y la base científica actual.