En La Rosa de los Vientos le ponemos ya mismo el Termómetro a la Tierra y comprobamos que en los últimos siete días no se han sucedido más que catástrofes.

 

Si ante nosotros visualizáramos un mapamundi deberíamos marcar zonas de devastación como India,  donde al sur de Bangladesh en la última semana han fallecido cerca de 130 personas debido a inundaciones y deslizamientos de tierra.

 

No muy lejos de allí, en China, la cifra se aproxima al centenar de muertos y 800.000 los damnificados también por lluvias torrenciales que han provocado además la apertura de las compuertas de las presas para evitar que pueblos enteros quedaran anegados.

 

De Australia ya hablábamos la semana pasada. El resultado final eleva a 8 las personas muertas y 5.000 los desplazados en la peor tormenta que azota Nueva Gales del Sur en los últimos 30 años.

 

Si continuamos nuestro repaso por el continente americano, las noticias que nos llegan desde el sur son verdaderamente trágicas.

 

Mientras inundaciones y lluvias, propias de distintas tormentas tropicales, han dejado 2 muertos en República Dominicana y 3 en Honduras, una intensa ola de frío que asola Perú desde hace unas semanas ha acabado con la vida de 48 niños. En estos momentos, hasta 13 departamentos del país andino se encuentran en estado de emergencia.

 

En el capítulo de seísmos, Guatemala, El Salvador y Ecuador han visto cómo su superficie sufría sacudidas de distinta intensidad que alcanzaron los 6,5 grados. Eso sí, lo más importante, sin causar víctimas.

 

Hablando de víctimas, una reciente investigación publicada en la revista Nature, sitúa a nuestros bosques en grave riesgo y a nosotros los humanos como los causantes del daño.

 

Expertos, de Canadá, Finlandia, Francia, Italia, Reino Unido, Suecia y EEUU concluyen que actividades del ser humano, como el uso de fertilizantes agrícolas o la quema de rastrojos que hasta ahora no se consideraban perjudiciales, están acabando con el equilibrio en los niveles de dióxido de carbono de los bosques del hemisferio norte del planeta.

 

Denuncian que ciertas prácticas contribuyen a que los bosques liberen a la atmósfera aún mucho más dióxido de carbono. Un resultado negativo al que hay que añadir, según los científicos, el abandono agrícola que viene a propiciar la expansión incontrolada de las grandes masas forestales.

 

Asimismo el estudio de este grupo de expertos no se olvida de otras variables que inciden en la circulación del dióxido de carbono como el aumento de las temperaturas. De hecho, por ejemplo en nuestro país, el cambio climático podría acabar con los almendros, olivos y algarrobos baleares según se desprende de una investigación que se ha llevado a cabo desde la Consellería de Agricultura.

 

El objetivo del informe consistía en identificar los diez principales efectos negativos que tendrá el calentamiento global sobre el campo de las Islas entre los que se encuentran además la llegada de plagas y enfermedades tropicales y subtropicales.

 

Y continuamos hablando de calentamiento global porque de acuerdo a lo que hemos podido leer esta semana en la revista Geophysical Research Letters, el número de días anuales de calor extremo y peligroso para la vida humana aumentarán entre el 200 y el 500 por ciento a lo largo del presente siglo en el área mediterránea.

 

En esta ocasión el estudio lo han realizado expertos de China, Estados Unidos e Italia utilizando para ello el 'superordenador' del Centro Nacional del Clima de Pekín que ha identificado las zonas de mayor riesgo.

 

Y aunque Francia será el país donde más se sentirá el aumento de las temperaturas, dicen que será en la costa mediterránea, sobre todo en el litoral español y norte de África, donde más crecerá el número de días extremadamente cálidos.

 

En el peor de los casos, en España veríamos aumentar las jornadas de calor extremo una media de entre 30 y 40 días al año, que podría hacernos cambiar los ciclos de las estaciones.

 

La única esperanza que vislumbran los autores de la Universidad de Purdue en Indiana se basa en la reducción de la tasa actual de emisiones de CO2, en cuyo caso el incremento de esos días en los que el calor alcanza umbrales peligrosos para la vida humana sería como máximo de un 50 por ciento.

 

Y ya en nuestro país, el titular no es menos alarmante. La fuente es la Organización Mundial de la Salud.

 

‘En España cada año, la contaminación se cobra la vida de 5.800 personas’

 

Sin embargo, España se encuentra entre los países con menor índice de impacto en la salud de factores ambientales de riesgo, ya que sólo a 17 de cada 1.000 personas se les diagnostican cada año enfermedades o fallecen a causa de problemas relacionados con el entorno en el que viven.

 

En todo el mundo, factores como las radiaciones, los ruidos, los peligros en el ámbito laboral, los riesgos agrícolas y los efectos del cambio climático, se cobran 13 millones de vidas al año.

 

A nivel mundial, el índice más bajo lo tiene Islandia, con 14 muertes o nuevos enfermos por cada 1.000 habitantes; mientras que el más alto, con 316 por cada 1.000, lo registra Sierra Leona.

 

De hecho, los países más afectados son los más pobres. En 23 de ellos más del 10% de las muertes se deben a dos factores de riesgo: agua insalubre y contaminación del aire. En estos casos, los niños menores de cinco años son las principales víctimas, constituyendo el 74% de los fallecimientos por diarreas o infecciones respiratorias.

 

Y esto no es todo, porque además como bien recordó el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, dos terceras partes de los pobres viven en tierras áridas y la mitad de ellos habita en explotaciones donde la degradación ambiental amenaza la producción agrícola de la que depende su subsistencia.

 

Ante el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación que se celebra hoy domingo 17 de junio, Ban Ki-moon dijo esta semana que el cambio climático y la desertificación amenazan el desarrollo sostenible para todos, poniendo en riesgo la salud y el bienestar de 1.200 millones de personas en más de 100 países.

 

De ahí que haya reclamado un mayor esfuerzo para enfrentarnos a estos males que ponen en riesgo la atención de las necesidades básicas del hombre

 

Acabamos y lo hacemos esta semana con un John Edwards que ante las primarias en Estados Unidos y como precandidato demócrata ya se ha posicionado en el debate sobre el cambio climático afirmando que su país debería apostar por lo acordado en Alemania por el G8 e impulsar así la disminución de CO2 en un 80% para 2050.

 

Y además postuló lo siguiente: “antes de que Estados Unidos pueda reunir al mundo para tomar acciones, necesitamos mostrar liderazgo aquí en casa”.