Comienza aquí uno de los Termómetros de la Tierra más calurosos del año. De hecho, tal y como venimos informando desde hace unos meses, este año parece ir camino de ser el segundo más caluroso desde que se empezaron a recoger datos en la década de 1860.

 

Por el momento, en Europa las altas temperaturas han provocado la muerte de 50 personas en los últimos nueve días en la mayoría como consecuencia de paros cardíacos e hipertermias. Con 33 muertos en nueve días de canícula, Rumania es el país con el mayor número de víctimas mortales.

 

En Grecia los termómetros han llegado a alcanzar los 46 grados. ¿El resultado? Once personas muertas y 85 hospitalizadas por insolación.

 

En Grecia nos quedamos porque además de vivir su peor ola de calor de los últimos 110 años, un feroz incendio, el peor en más de una década, ha acabado con la vida de dos personas y ha arrasado cerca de 3.000 hectáreas, reduciendo a cenizas el parque nacional del Monte Parnaso, quedándose a las puertas de Atenas.

 

Un total de 13 helicópteros y 24 hidroaviones trabajan en las labores de extinción a las que se suman dos aviones ‘apagafuegos’ del Ejército del Aire que partieron el viernes desde la Base Aérea de Torrejón.

 

Nuestra siguiente información hace referencia a otro de los elementos, el agua, pero en estado helado y con suficiente cantidad como para elevar el nivel del mar en el planeta 60 metros.

 

Se trata de la llamada capa de la Antártida Oriental, la mayor capa de hielo del mundo que según un reciente estudio es estable y no supone amenaza alguna a corto y medio plazo.

 

Andrew Mackintosh, uno de los responsables de la investigación que ha llevado a cabo la Universidad neozelandesa de Victoria junto con la de Macquaire, el aire sobre esta capa de hielo de más de 3.000 kilómetros de largo y hasta 4 kilómetros de ancho centrada en el Polo Sur seguirá suficientemente frío como para impedir un derretimiento significativo en el futuro cercano.

 

Según Mackintosh, "La capa de hielo de la Antártida Oriental va a ser la última en responder radicalmente" al calentamiento global; por el contrario, el estudio concluye que en un principio los niveles crecientes del mar se deberán al derretimiento de glaciares en valles, la expansión termal de los océanos y el repliegue de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida Occidental.

 

Y seguimos hablando de las profundidades marinas, concretamente del Océano Pacífico que al parecer una empresa quiere convertir en sumidero de CO2, según han denunciado diversas ONG.

 

La firma estadounidense Planktos hizo pública recientemente su intención de fertilizar una amplia zona de unos 10.000 kilómetros cuadrados mediante un procedimiento consistente en inyectar hierro en las aguas para favorecer la proliferación de algas susceptibles de captar el CO2 de la atmósfera.

 

Tras la advertencia de Greenpeace, esta semana el presidente del Convenio de Londres para la prevención de la contaminación marina, el vertido de desperdicios y otras materias, el español Víctor Escobar manifestó el malestar de cierto sector de la comunidad científica ante esta posibilidad.

 

Los expertos del citado grupo, procedentes de más de una veintena de países y reunidos en Galicia, expresaron su preocupación por que este experimento pueda dar a paso a una fertilización a gran escala del suelo marino.  

 

Y no nos movemos de la región ya que según la Organización Mundial de la Salud, el cambio climático causa unas 77.000 muertes anuales en la zona Asia-Pacífico.

 

El director regional de la OMS para el Pacífico Occidental, Shigeru Omi, señaló que se ha llegado a un momento crítico, en el que el calentamiento global tiene un "grave impacto" sobre las vidas y la salud de las personas.

 

Entre las posibles consecuencias para la región se encuentra la aparición de mosquitos en áreas donde hasta ahora no se tenía constancia de su presencia, con el consiguiente riesgo de epidemias de malaria y dengue.

 

Asimismo, desde la Organización se llama la atención sobre la lluvia, una disminución traería consigo un aumento de enfermedades que tienen su origen en aguas estancadas y un aumento podría provocar que millones de personas padeciesen malnutrición si los terrenos actualmente cultivables fueran arrasados por inundaciones.

 

Para tratar de prever consecuencias derivadas de cambios en el clima, a principio de los 90 nació el proyecto Biosfera 2. Se trataba de recrear un ecosistema global cerrado, idéntico a nuestro planeta y que fuera autosuficiente.

 

Sin embargo, la idea acabó transformándose en parque temático tras el fracaso de su puesta en marcha. Hoy, 11 años después, el proyecto resucita gracias a la financiación recibida de la fundación Philecology, perteneciente al millonario tejano Edward Bass, quien fundó Biosfera 2 en 1986.

 

Será la Universidad estadounidense de Arizona quien se encargue de gestionar experimentos durante 3 años. El primero de ellos ya se conoce y consiste en comprobar cómo la vida modifica el comportamiento del agua. Para ello los científicos reproducirán dentro de una cámara cerrada tres colinas artificiales.

 

Según el decano de la Universidad, Joaquín Ruiz, los proyectos científicos abordarán "no solamente los problemas actuales, sino los del siglo XXII". Así el cambio climático global, el uso sostenible del agua y la interacción de este recurso natural con los seres vivos serán los proyectos que albergará la nueva edición de Biosfera 2.

 

Hablando de uso sostenible del agua, quien se ha pronunciado esta semana ha sido la Unión Europea y es que la Comisión considera que los países del sur de Europa deben aplicar cuanto antes medidas para afrontar las crecientes sequías derivadas del cambio climático, por ejemplo encareciendo el precio del agua para promover su ahorro.

 

Esta y otras iniciativas se recogen en un Libro Verde que se presentó el viernes sobre ‘La adaptación del cambio climático en Europa’.

 

El texto incluye entre las áreas 'más vulnerables' al cambio climático a los países del sur de Europa y toda la costa Mediterránea, constando la Península Ibérica como 'la más afectada por sequías, con una reducción anual de las precipitaciones del 40 por ciento sobre el nivel actual' y un aumento de las temperatura anuales de entre 4 y 5 grados centígrados'.

 

Así, para Bruselas, una de las soluciones pasa por 'la aplicación de políticas de precio eficientes, convertir en prioridad el ahorro y mejorar el funcionamiento de la eficiencia en todos los sectores'.

 

Donde parece que somos los más eficientes es en la generación de energía limpia mediante lo que se ha convertido en todo un negocio: los molinos de viento del Quijote, conocidos ahora como aerogeneradores.

 

Mientras la industria se afana en estudiar la manera de transportarlos con los menores riesgos hasta las cumbres de nuestras preciadas cadenas montañosas, los molinos de viento diseminados por nuestra geografía han hecho que España consiga producir el 20% de la energía eólica mundial, según el secretario general para la Prevención de la Contaminación y del Cambio Climático, Arturo Gonzalo Aizpiri.

 

El Ministerio de Medio Ambiente "apuesta" por la energía eólica y la termoeléctrica como unas de las principales alternativas a las fuentes convencionales, defiende Aizpiri, quien recordó esta semana en una conferencia empresarial en Madrid que Medio Ambiente destinará al plan de energías renovables casi 8.500 millones de euros hasta 2010.

 

Acabamos y lo hacemos con las declaraciones de un alto cargo de Naciones Unidas.

 

Sálvano Briceño es director de la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres de dicha organización y ha advertido que las altas temperaturas de Grecia y las recientes inundaciones en Gran Bretaña, las peores en una década que han dejado tres muertes, o en Pakistán donde han fallecido 100 personas demuestran que el mundo debe prepararse mejor para hacer frente al impacto del cambio climático.

 

En palabras de Briceño son ‘indicadores de lo que podría producirse con mayor fuerza en todo el mundo’.